La muerte de Chantal Sébire, a la que la justicia francesa había negado un suicidio asistido por un cáncer incurable y desfigurable, ha puesto el punto final a un drama que ha reabierto el debate de la eutanasia que Francia creía haber cerrado hace tres años. Las autoridades no dieron detalles el jueves sobre cómo murió Chantal Sébire, de 52 años, el miércoles por la noche. La ex profesora sufría de un extraño y doloroso tumor nasal que le había privado del paladar, del olfato y de la vista y abultado sus ojos y nariz de forma desproporcionada. El lunes, un tribunal de Dijon le negó la ayuda médica que pedía para morir, porque eso violaría el código médico y una ley para poner fin a la vida aprobada en 2005 que permite la "eutanasia pasiva" pero prohíbe el suicidio asistido. La eutanasia activa es legal en Holanda, Bélgica, Suiza y Luxemburgo. Los tribunales franceses fallan habitualmente en contra de los médicos que administran medicamentos letales para poner fin a la vida pero a menudo eluden las penas de prisión como un gesto de gracia. La fiscalía de Dijon ha ordenado finalmente practicar la autopsia al cadáver de Chantal Sébire.
